
Planificar un crucero da mucha ilusión, pero a veces somos nosotros mismos los que nos boicoteamos las vacaciones por puros despistes o malas decisiones. Olvídate del mal tiempo o de los retrasos de los vuelos; estos errores típicos están en tu mano y es mejor que los evites si no quieres que tu viaje de ensueño se convierta en una pesadilla.
FASE 1: LA PLANIFICACIÓN (ANTES DE COMPRAR LOS BILLETES)
1. No leer la letra pequeña del contrato del crucero

Nadie se lee los contratos, lo sé, pero en un crucero es vital. Ahí te explican detalladamente desde las penalizaciones por cancelar, hasta los motivos por los que la naviera puede cambiar el itinerario o, directamente, prohibirte embarcar o echarte del barco. Míratelo un poco antes de pagar.
2. Equivocarse de temporada según el destino

Ir a Alaska en mayo significa que los senderos estarán llenos de nieve y no verás salmones. Ir al Caribe en plena época de Spring Break (vacaciones universitarias) significa cambiar tu oasis de paz por una fiesta macro-estudiantil llena de alcohol. Ajusta las fechas según lo que busques, o te llevarás un chasco.
3. Reservar los vuelos para el mismo día que zarpa el barco
Estrés asegurado para ese día. Si el vuelo se retrasa unas horas, se pierde tu maleta o surge cualquier otro imprevisto, adiós a tu anhelado crucero. El barco no espera…. Viaja siempre el día anterior, duerme en la ciudad de salida y embarca relajado.
4. Elegir a los compañeros de viaje equivocados

Pasar una semana encerrado en unos cuantos metros cuadrados con alguien con quien no conectas es deporte de riesgo. Ya sea un amigo con gustos totalmente opuestos o familiares que no paran de quejarse, elige bien con quién compartes camarote o las vacaciones se te harán eternas.
5. No calcular los gastos extra a bordo
Creer que todo está incluido en el precio de tu crucero. Si no contratas los paquetes antes de embarcar, pagarás las bebidas mucho más caras, el wifi, las propinas obligatorias diarias o los restaurantes de especialidad. Al final tus vacaciones te costarán el doble.
FASE 2: EL DÍA DEL EMBARQUE (Y EL TRUCO DEL ÚLTIMO DÍA)
6. Guardar los documentos importantes en la maleta facturada

Un clásico de los despistes. Llegas a la terminal, le dejas las maletas grandes al personal de tierra y, cuando vas a pasar el control… ¡sorpresa! Tu pasaporte, visados o certificados están dentro de la maleta que ya va camino a las bodegas del barco. Sin papeles no subes, así que lleva todo siempre en tu equipaje de mano.
7. Tomarse a broma el simulacro de emergencia obligatorio

Sí, sabemos que da pereza y que corta el rollo del primer día, pero el simulacro de seguridad es obligatorio. Si intentas escaquearte, te van a pillar y te arriesgas a que te bajen del barco antes de que empiece a moverse. Hazlo rápido y a seguir disfrutando.
8. Olvidar dejarte ropa limpia para el día de la vuelta

La última noche del crucero se suelen dejar las maletas grandes fuera del camarote para que la tripulación las baje al puerto. Si metes absolutamente todo ahí dentro, te tocará desembarcar al día siguiente en pijama, descalzo o con la ropa sucia de la noche anterior. Déjate a mano ropa limpia, el cepillo de dientes y el desodorante.
9. No llevar un «kit de supervivencia» en el equipaje de mano del crucero
Cuando facturas tus maletas en la terminal, pueden tardar varias horas en llegar a tu camarote (a veces llegan a la hora de cenar). Si no llevas el bañador, las chanclas, el protector solar o los medicamentos importantes en tu mochila de mano, habrás perdido toda la tarde del primer día esperándolas vestido de calle.
FASE 3: VIDA A BORDO (CONVIVENCIA Y SEGURIDAD)
10. Hacer imprudencias en las barandillas del balcón

Los balcones de los barcos son súper seguros, pero no están hechos a prueba de imprudencias. Sentarse sobre el pasamanos para hacerse una foto, intentar trepar al balcón del vecino o subirse a las sillas de la terraza es una idea malísima que puede acabar contigo flotando en mitad del océano. No te la juegues.
11. Fumar dentro del camarote o en el balcón

El fuego es el mayor peligro en alta mar. Por eso, las navieras son implacables: está prohibidísimo fumar en los camarotes y sus balcones (y esto incluye velas o aparatos eléctricos que generen calor). Si te pillan, te va a caer una multa enorme y probablemente te expulsen en la siguiente escala.
12. Desentenderte por completo de los niños en la piscina

Que los niños se queden solos en la piscina es molesto para el resto de pasajeros (adiós tranquilidad en el jacuzzi), pero sobre todo es peligroso. Un resbalón o un susto en piscinas que muchas veces no tienen socorrista puede arruinar tu vida en un segundo. Relájate, pero no quites un ojo a los peques.
13. La guerra de las hamacas en la piscina del barco
Bajar a las 07:00h de la mañana a poner la toalla en la mejor hamaca y desaparecer cuatro horas para ir a desayunar. Además de ser de mala educación, hoy en día la tripulación retira las toallas si la tumbona está vacía más de 30 minutos.
14. El «efecto buffet»: Comer como si no hubiera un mañana
La comida ilimitada vuelve loca a la gente. Mezclar en el mismo plato paella, sushi, costillas de cerdo y un gofre solo porque “es gratis” suele acabar en una indigestión brutal el segundo día de viaje. El barco no se va aquedar sin comida; dosifícate.
FASE 4: EN LAS ESCALAS Y ALTA MAR
15. Olvidar activar el «Modo Avión» (¡Cuidado con el roaming marítimo!)

Si dejas que tu móvil busque redes en mitad del océano, se conectará al satélite del barco. Cuando vuelvas a casa y veas la factura con los cargos de roaming marítimo, te va a dar un infarto. Modo avión activado en cuanto el barco zarpe, o prepárate para pagar una fortuna.
16. Llegar tarde al barco y convertirte en un «runner» de puerto

Si el barco dice que sale a las 17:00, la hora límite para subir suele ser las 16:30. Si vas sin mirar el reloj o te confías con la hora local (que a veces cambia respecto a la hora del barco), el barco no te va a esperar. Además, si llegas corriendo en el último segundo, prepárate para el «paseo de la vergüenza» mientras cientos de pasajeros te abuchean y se ríen de ti desde los balcones.
En resumen: Un buen crucero depende un 50% de la naviera y un 50% de ti. ¡Evita estos errores y dedícate solo a disfrutar del viaje!.