Cuando suena la campanilla, los pasajeros tienen que mantener la cabeza agachada. Solo pocos segundos después, el barco pasa por debajo de un puente, muy cerca del techo.

La campanilla sonará más veces en esta excursión en barco por San Petersburgo, ya que “la Venecia del Norte” tiene más de 400 puentes.

Los turistas pueden ver una parte de esos puentes en los barcos de excursión de Ivan Sidorov. Este empresario, de 28 años, ofrece en seis barcos paseos por los ríos y canales de San Petersburgo, una excursión obligatoria para quien visite la segunda ciudad más grande de Rusia, de unos cinco millones de habitantes.


Algunos puentes todavía están cubiertos de lonas. También la Iglesia de la Sangre Derramada con sus cúpulas acebolladas multicolores está rodeada de andamios, porque la antigua metrópoli zarista se está engalanando a marchas forzadas para el Mundial de fútbol, que comenzará el 14 de junio y que atraerá a San Petersburgo a decenas de miles de hinchas.

“La temporada alta comienza en mayo”, dice Sidorov. A partir de mediados de abril, la actividad en las vías acuáticas de la ciudad empieza a intensificarse. “Los turistas vienen aquí durante todo el año, porque en esta ciudad no vale la pena esperar a que mejore el tiempo”, dice Sidorov con una sonrisa burlona. “Raras veces sale el sol y la humedad del aire es altísima, algo que causa depresión entre no pocas personas. Lo que mejor crece aquí es el musgo”.

En este día húmedo y frío, Sidorov no hace un buen negocio. De las más de 30 plazas, solo pocas están ocupadas. En la cubierta hay un puñado de turistas envueltos en mantas azules.

El barco navega cuidadosamente por los ríos Moika, Neva y Fontanka. El tour, de casi una hora, es perfecto para tener una visión rápida de las principales atracciones de San Petersburgo. Una visita al Palacio de Invierno con sus paredes de color verde pastel es obligatoria. El palacio alberga el famoso Museo del Hermitage.

También atrae todas las miradas la Fortaleza de San Pedro y San Pablo. Aquí comenzó la historia de San Petersburgo hace más de 300 años. En 1703, el zar Pedro el Grande mandó drenar los pantanos del delta del Neva para construir como una gran “ventana hacia Europa” una nueva metrópoli en la costa rusa del mar Báltico.

A la derecha y a la izquierda de la vía acuática hay un palacio tras otro. Son testigos del esplendor de la ciudad en los siglos XVIII y XIX, cuando San Petersburgo fue la capital de Rusia. Por todas partes se ven paredes desconchadas. El orgulloso San Petersburgo parece haber entrado en años.

Con un ligero golpe, el barco vuelve a atracar en el muelle del Moika. La excursión en barco ha terminado. En la cercana avenida Nevski Prospekt hay un montón de cafés y restaurantes. Si embargo, merece la pena adentrarse un poco en los barrios situados a la izquierda y la derecha de la emblemática avenida. En el corazón de Zentralny Rayon, el distrito central de la ciudad, hay tiendas modernas que compiten entre sí para atraer a turistas y nativos.

Un destino popular para descansar un rato es el café “Pyshki” en el Bolshaya Koniushennaya, un callejón sin salida que desemboca en el Nevski Prospekt. Quien quiera tomar un café con tarta no debe acudir a este local, pero si usted quiere conocer un ambiente soviético vale la pena visitar este local rústico con su servicio divertidamente grosero. Casi el único producto que se ofrece aquí son unos buñuelos esponjosos. Ya después del primer buñuelo los dedos están llenos de grasa.

Unos siete millones de personas visitaron San Petersburgo en 2017. La ciudad es el destino turístico más popular en Rusia, sobre todo alrededor de las noches blancas en junio.

Dmitri Gerashchenko sabe que los aficionados al fútbol que visiten San Petersburgo con motivo del Mundial tendrán poco tiempo para disfrutar del esplendor de la ciudad. Gerashchenko, de 50 años, trabaja en la oficina de turismo del ayuntamiento y ha desarrollado especialmente para los fans nuevas excursiones por la “capital del norte”.

Uno de los tours se llama “¿Qué se puede ver en las tres horas previas al partido?”. El tour “pasa por las principales atracciones turísticas, los clásicos de San Petersburgo”, dice Gerashchenko. “Los turistas pueden hacer paradas para bajar y sacar fotos. El tiempo alcanza para esto”.

Ya es hora de tomar una cerveza. Vamos a un bar subterráneo que lleva el nombre estrafalario de “Sakvoyash dlia beremennoi Spionki” (Bolsa de viaje para la espía embarazada). Un local bastante turístico. “Sin embargo, también vienen muchos nativos”, dice Igor, el chef del bar, un hombre fornido de unos 35 años con bigote y el cabello recogido. Detrás de la barra aparece la imagen de una espía de plástico semidesnuda de tamaño real, parte de una anticuada decoración cursi de los tiempos soviéticos….

 

¿Quieres conocer más a fondo esta ciudad?. En este artículo Marian nos lleva de la mano y cuenta su experiencia en esta hermosa ciudad.

 

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Fuente: eldigitaldeasturias.com


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San Petersburgo, “La Venecia del Norte”
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