Hay una travesía ideal para cada tipo de viajero, desde pequeñas expediciones hasta barcos que son auténticas ciudades flotantes.

Confieso que yo era de los que despreciaban el mundo crucero. Por absoluto desconocimiento, porque jamás me había subido a uno. Hasta que hice el primero y me enganchó. Más allá de los prejuicios, creo que hay un crucero para cada tipo de viajero. Estos son algunos de los tópicos que merece la pena desterrar.

 


1 Los cruceros son para viejos

Y para niños. Y para recién casados. Y para aventureros de cualquier edad. El sector ha crecido tanto que ya hay barcos hasta tematizados por edades o situaciones personales (barcos Disney para familias, cruceros para singles, cruceros musicales…).

 

2 Solo se ven mar y puertos

Pues depende del tipo de crucero. Si uno quiere unas vacaciones en plan hotel de playa, sin hacer nada más que tumbarse al sol, beber y comer, y luego, hasta la madrugada en la discoteca, puede elegir un macrocrucero de esos que son como ciudades vacacionales, pero con quilla. Y no hace falta bajarse hasta que a uno le echen de allí. Pero si se busca aprovechar la experiencia para además conocer mundo, se puede elegir uno que atraque en ciudades interesantes y que pase en ellas tiempo suficiente para disfrutarlas. El Mediterráneo es perfecto para este tipo de experiencias más culturales.

 

3 Son una horterada

Una vez más, depende de cómo se lo monte cada uno. Se puede optar por realizar todas las actividades que proponga el servicio de entretenimiento, desde clases para ponerse el pareo hasta sesiones de aquagym, o uno puede dedicarse a leer, a ver cine (sí, muchos barcos tienen sala de cine a la que, por cierto, no va ni Dios y se puede ver una buena película casi en soledad), pasear por la cubierta viendo maravillosos atardeceres o simplemente descansar. Que falta hace, seguro.

 

4 Son solo para el verano

Es cierto que se disfruta más de un crucero con buen tiempo, pero hay muchos veranos y podemos aprovechar el invierno del hemisferio norte para viajar por mares del sur, donde entonces hará buen tiempo. Como las aves migratorias, las navieras buscan mares y climas benignos para sus buques en cada estación. La temporada del Mediterráneo va de abril a finales de octubre mientras que la del norte de Europa tiene su momento en julio y agosto. Diciembre, enero y febrero son perfectos para el Caribe, el sureste asiático o el cono sur americano.

 

5 Las excursiones son un timo

Las navieras sacan la mayor tajada del beneficio no en lo que cobran por el pasaje sino en lo que prevén que vas a gastar en extras a bordo. Y las excursiones a tierra son una mina de oro para ellos. Pero hace ya mucho tiempo que los pasajeros de un buque dejaron de ser cautivos en este aspecto. En todos los puertos tradicionales de cruceros han proliferado como setas las empresas que ofrecen excursiones alternativas y gracias a Internet son fáciles de encontrar y contratar. Basta con buscarlas en Google y reservarlas con antelación. Y luego está la alternativa de hacerlo solo. Yo he hecho muchos cruceros y jamás he tirado de excursiones oficiales ni de las alternativas. Estudiaba antes qué quería hacer y ver, y al descender a tierra alquilaba una moto o una bici (servicio que hay en casi todos los puertos) y me iba por mi cuenta.

 

6 Durante la travesía me obligan a cenar todas las noches en la misma mesa

Aunque obviamente se puede tener buena suerte y coincidir con gente afín que animan las veladas, reconozco que es una lotería (poniéndonos en lo peor, no sé si es peor que te toquen unos compañeros de mesa que no paran de hablar y al minuto uno ya te han enseñado las fotos de los nietos o vecinos que no abren la boca más que para decir: “Me pasa la sal”). Pero esta costumbre está cambiando y las navieras entienden que han de dejar más libertad a la hora de relacionarse entre los pasajeros y que uno no tenga que sentarse todas las noches con las mismas personas, si no quiere. Se va hacia un modelo de restaurante convencional, donde llegas y pides mesa y te la dan en función de la disponibilidad.

 

7 En un crucero tengo que ir vestido con chaqueta y corbata

A no ser que uno se apunte a un crucero de lujo, en absoluto. Solo se pide una chaqueta informal (ni siquiera corbata) para la noche de la cena de gala. De hecho, ahora mismo el problema en los cruceros es más bien el contrario: la banalización del código de vestimenta. Hay quienes hacen la maleta como si fueran a Hawái y se presentan a cenar en bermudas y camiseta de tirantes. Ni tanto ni tan calvo, por favor.

 

8 Me voy a marear

Hombre, uno tiene más probabilidades de que ocurra que si se quedara en casa, para qué nos vamos a engañar. Pero, ¿te vas a quedar sin ver mundo y vivir experiencias por esa tontería? Hay múltiples soluciones en la farmacia para evitar los mareos.

 

9 Los barcos van llenos de gente y hay colas para todo

Si uno se apunta a una de esas ciudades vacacionales flotantes para 6.000 pasajeros, posiblemente tenga que estar dispuesto a hacer alguna que otra cola. Pero hay que erradicar ya definitivamente la idea de que un crucero equivale a un barco lleno de gente. Para poner solo un ejemplo, hay cruceros-expedición por lugares remotos —por ejemplo, Groenlandia, Antártida, Alaska o la Patagonia— y para no más de 200 o 300 pasajeros, en los que se visitan lugares fascinantes que serían inaccesibles de otra manera. Y en los que el entretenimiento a bordo en vez de bailar consiste en charlas sobre historia, geología y biología de los lugares por los que se transita.

 

10 Y además… me cansa viajar

¡Enhorabuena! Entonces un crucero es tu viaje perfecto. No conozco otro método viajero que te permita ver seis ciudades en seis días y que sea el armario el que te siga, no tú el que tenga que hacer y deshacer otras tantas veces la maleta….

 

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Fuente: elviajero.elpais.com (Pablo Nadal)

 


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Lo que debes saber de los cruceros para no caer en estos 10 tópicos
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