Estas ciudades flotantes son el perfecto lugar para cometer una violación en alta mar. Una realidad terrible en la que hay cientos de personas afectadas que todavía exigen justicia.

“Me embarqué con mi madre, una amiga suya, mi hija adolescente y también con mi mejor amiga. No hay nada como pasar un tiempo con las chicas. Pasamos la mayor parte de los días tomando el sol y en las noches nos arreglábamos para ir a cenar. Una noche se nos acercó un hombre corpulento. Tenía los ojos muy rojos. En mi siguiente recuerdo ya desembarcamos del crucero. Mientras conducíamos camino a casa mi hija y mi mejor amiga me dijeron que había estado desaparecida durante siete u ocho horas”.

Así comienza la historia de Alyssa, una joven estadounidense que, como miles de personas en el mundo, salen a alta mar con el objetivo de pasar unas vacaciones relajadas con su familia. Al día siguiente, las cinco desembarcaron en puerto y le preguntaron la razón de por qué se había esfumado de repente durante ocho horas sin decirlas nada. “Unos 30 minutos más tarde comencé a sentir el cuerpo dolorido. Noté que me faltaban algunas partes de las uñas. Pude apreciar moratones con marcas de dedos en el interior de mis muslos. La detective examinó mi vestido con luz ultravioleta y se iluminó como un árbol de navidad”, relata, en un reportaje de ‘Univision’.

Hay una gran cantidad de delitos sexuales que no terminan en denuncia. Depende de la línea de cruceros calificarlo como “violación”

Días después de la violación, Alysssa comienza a tener flashbacks. Está en una cubierta del barco, su cabeza golpea con una superficie dura mientras es abusada por varios hombres. “Me sentí destrozada. Esto ha cambiado todos los aspectos de mi vida y ha hecho que le tenga miedo a la gente. Los cruceros son el lugar perfecto en el que cometer un crimen, no hay a quién recurrir”, asegura.

Como ella, un total de 220 personas han reconocido haber sufrido violaciones sexuales a bordo de uno de estos cruceros en las aguas y costas de Estados Unidos desde 2016, según un último estudio del Departamento de Transporte del país. Es, con mucha diferencia, el tipo de actividad criminal que más se repite en una de estas ciudades flotantes. Con más de 12 millones de pasajeros norteamericanos en su interior, estos delitos guardan la particularidad de que las víctimas carecen de la asistencia jurídica de la que podrían gozar en tierra. Y además, la mayoría de los casos derivan en un acuerdo económico con las compañías que compra el silencio del afectado.

En España, se trata de una industria turística que no para de crecer. Según la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros (CLIA), el 71% de los españoles que ya han vivido la experiencia han repetido. Además, más de la mitad (el 58%) cree que realizará otro crucero en menos de un año. Nuestro país ocupa la segunda posición de la Unión Europea como país receptor de cruceristas y el cuarto como emisor, con más de 510.000 españoles que embarcaron en 2017, último año del que se tienen registros. Una actividad que tiene un fuerte impacto en la economía, con 1.400 millones de euros de contribución en un sector que ofrece empleo directo a 31.233 personas, según la CLIA.

Tenía miedo a salir de casa. Sufría ataques de pánico, no podía concentrarme bien y hasta tenía pensamientos suicidas

Hace una década, las líneas de cruceros no estaban obligadas a revelar públicamente los delitos ocurridos a bordo de sus barcos, por lo que eran mucho más frecuentes. Sin embargo, en 2010, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley de Seguridad y Protección de Cruceros para sacar a la luz este tipo de crímenes. Así, la junta de investigación descubrió que el número de denuncias al FBI era hasta 30 veces mayor de lo que se reveló públicamente en su momento. “Hay una gran cantidad de delitos sexuales que no terminan siendo informados al Departamento de Transporte”, asegura Ross Klein, investigador especializado en esta industria. “Depende de cada compañía que sea calificado como ‘violación sexual’, la única categoría de delito que requiere divulgación pública”.

Era el año 2000 cuando una investigación realizada por ‘The Miami New Times’ reveló que la empresa Carnival Cruise había persuadido a las víctimas para que no denunciaran agresiones sexuales a las autoridades e, incluso, ayudó a miembros de la tripulación acusados de violación a salir del país y huir de la justicia. Pero no solo son los clientes quienes acaparan el número de víctimas. De los 220 casos informados al Departamento en los últimos tres años, aproximadamente el 20% involucró a miembros de la tripulación como víctimas, según informa el periódico norteamericano.

Abandonada por la empresa

Por ejemplo, el caso de Analia Muñoz, una empleada de 48 años que llevaba más de 13 años en la compañía. Según ella, sufrió un violento abuso sexual ocurrido poco después de la navidad del año 2015 que la dejó todo tipo de marcas de mordeduras, moratones y secuelas psíquicas en forma de estrés postraumático. Trabajaba como encargada de caja en el casino del barco cuando un compañero de la tripulación la violó durante media hora. Al poner la denuncia, su superior le envió a un médico que no resultó ser de gran ayuda.

“No era nada empático”, alegó al periódico. “Me preguntó dónde me puso los dedos el acosador y si lo disfruté”. El profesional le sugirió que lavara la ropa que llevaba puesta en el momento del incidente. “No era yo misma, así que lo hice sin pensarlo”, asegura. Cuando llegó al próximo puerto, su supervisor le instó a no presentar cargos, así que no lo hizo. Es lo que ocurre cuando eres víctima, estás lejos de casa y de tus seres queridos y, para más inri, nadie te apoya, al contrario, te manipulan para salir indemnes.

Un crucero es como una ciudad flotante en la que no hay policía. Tienes peluquerías, bares, tiendas, pero no una comisaría

Poco tiempo después, Muñoz fue reinsertada en el trabajo. Un día le llamaron para que acudiera al despacho del jefe. “Mencionaron que no sonreía lo suficiente, y que si no podía hacerlo, debía marcharme. ‘Lo que te pasó no es culpa de los pasajeros’, me dijeron”, sostiene. Ahora, todavía recibe tratamiento psicológico después de lo ocurrido. “No pude salir de casa en los primeros tres meses tras volver a mi país, Argentina. Me daba miedo”, afirma. “Sufría ataques de pánico, no podía concentrarme bien y hasta tenía pensamientos suicidas”.

Cuando ocurren este tipo de agresiones, a menudo se deja que las víctimas denuncien el delito al personal de seguridad y al médico que trabaja en la empresa, por lo que no querrán muchos riesgos o perjudicar a la empresa. Pueden pasar días hasta que la ley se cumpla y los agentes se pongan a investigar. En ese momento, las pruebas pueden haberse deteriorado, los testigos pueden haberse marchado del país o las escenas del crimen pueden haber cambiado. “Un crucero es como una ciudad flotante de 10.000 personas en la que no hay policía”, asegura Philip Gerson, un abogado con sede en Miami. “Tienes peluquería, gimnasio, tiendas, pero no una comisaría. Está el personal de seguridad de la línea de cruceros, pero su interés es proteger a la compañía, no a ti”….

 

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Source: www.elconfidencial.com (E. Zamorano)

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El crimen más habitual en los cruceros: “Nadie te puede ayudar”
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