Gerard-0001En esta ocasión repetíamos crucero fluvial con Croisieurope. Nuestro destino Holanda y sus pequeños y preciosos pueblecitos. Paises Bajos.

El barco con el que haríamos nuestro itinerario el Gerard Schmitter, de reciente construcción en el 2012, había sido el elegido para esta experiencia. Habiendo realizado anteriormente el itinerario por el Gualdalquivir en la Belle de Cadix, sabíamos que la elección sería la correcta.

Teniendo en cuenta que el tiempo de visita en las escalas es limitado, decidimos que Amsterdam se merecía una dedicación más amplia por lo que optamos por irnos un día antes de la salida de nuestro crucero, con idea de disfrutar al máximo de esta deslumbrante ciudad.

Llegó el momento de conocer el barco. Acercándome a él es imposible no comparar su tamaño con el de los barcos de cruceros por mar, pero no por ello menospreciar lo que estos barcos nos ofrecen.

Este pequeño barco con una estética parecida a la de un estrecho un ladrillo, asemejandose los huecos de los mismos a las numerosas ventanas del barco, sería nuestro hogar durante los 8 días que duraba nuestro crucero.

El barco tiene una longitud de 110m de largo y 11,40m de ancho, con 88 cabinas y con capacidad para 176 pasajeros, como podéis comprobar un barco para estar en familia, íntimo y con las condiciones adecuadas para poder llegar a los lugares donde nos dirigíamos.

Dispone de tres puentes con diferentes categorías, estandar, intermedia y superior. Sin ninguna duda, me volvería a cautivar como ya lo hizo en su día la Belle de Cadix.

A pesar de no ser un barco muy lujoso, tiene todo lo necesario para que tengas una estupenda travesía y cumplir los objetivos de un crucero fluvial.

Nada más entrar te encuentras con una pequeña recepción donde se hacen cargo de tu maleta y te la llevan a tu camarote.

Una vez en el camarote nos asomamos al balcón francés de que dispone. El camarote en sí es bastante amplio.

Nuestra cama la formaban dos camas individuales juntas y estaba vestida con una alegre colcha floreada en tonos rosas y morados, cortinas a rallas a juego, que dan un toque de color a lo que es un camarote sobrio, al igual que el cuadro que adorna la pared frontal con fuertes tonalidades.

Sus muebles son sencillos, el estilo me recuerda las mesas de estudio de mis hijos, jajajaja.

A los pies de la cama y con el espacio justo para pasar vemos un estrecho mueble con 4 puertas solo en la parte baja, donde meter zapatos, bolsos o cualquier cosa que no necesite mucho espacio. Termina con una zona libre con espejo, donde se sitúa un sillón también morado, que yo utilizaba para maquillarme. En este mismo espacio hay un cajón con el secador. Justo a continuación se encuentra un pequeño ropero sin grandes pretensiones. Justo para el equipaje que llevábamos.

 

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Dispone de una caja fuerte, mesitas de noche, tv plana y enchufes de 220V.

El baño tiene el tamaño normal que suelen tener en todos lo barcos, lavabo con repisa bajo el mismo, mueble con cristal transparente al lado izquierdo dividido con una balda, ducha con cortinilla, algo que a mi personalmente no me gusta, prefiero mampara, lo veo más cómodo, higiénico y además no se sale todo el agua de la ducha, expendedor de gel y pastilla de jabón, por lo que el champú os recomiendo que lo llevéis.

Si nos dirigimos al salón vermos los agradables colores pasteles que componen toda la estancia, beige, rosas, salmones, mis colores preferidos, sin duda… La luminosidad de esta zona te impregna cuando entras al salón. Teniendo en cuenta que tiene grandes ventalanes alrededor del mismo, es normal la iluminación que proporciona. Puedes sentarte en cómodos sillones con mesas bajas o en sillas con mesas altas para poder disfrutar de las diferentes actividades de ocio.

Cuando llega la noche, a pesar de no lucir el sol, el salón sigue igualmente iluminado por la intensa luz que se torna más suave dependiendo de la música que toquen y de los bailes que correspondan que te harán danzar por su pista de baile. Ésta es amplia y en ella caben perfectamente los pasajeros para bailar.

En este salón está el bar donde puedes perdir cualquier bebida que se te antoje, todo esta incluído en el precio, menos bebidas que sean especiales.

El camarero que atiende este bar es encantador y se le ve con muchas tablas en su especialidad. De todas maneras también hay camareras que te llevan la bebida a la mesa.

En esta zona es donde juegas en la hora del aperitivo o donde se encuentra la animación nocturna del barco.

Desde el salón situado en la proa, tienes una salida exterior que da a una pequeña terraza con sillones de mimbre para poder disfrutar de la navegación mirando los paisajes o de la escala donde nos encontremos.

 

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Dirigiéndonos hasta el restaurante, situado en la popa de la cubierta intermedia, nos volvemos a encontrar con otra acogedora estancia que continúa teniendo los mismos tonos pasteles y rosados que el resto del barco en su decoración. Encontramos las típicas mesas redondas con 6 sillas, menos en nuestro caso que compusieron una mesa de 12 para los pasajeros españoles que íbamos, ya que tuvieron la deferencia de unirnos a todos en la mesa. El espacio entre las mismas es amplio para comodidad del servicio.

En el centro del comedor encontramos en forma cuadrada la zona de exposición de alimentos, donde por la mañana se ofrece un desayuno buffet con una amplia variedad de opciones para elegir, bolleria, panes de diferentes tipos, yogures, cereales, frutas, chacina, quesos, máquina de café y leches a diferentes temperaturas. No echas nada en falta para comenzar el día.

El resto del día en este barco hay pocas elecciones ya que en el almuerzo y en la cena solo se disponen de menús únicos que solo serán cambiados si tienes una necesidad alimentaria especial, por lo que no hay variedad, pero hay que decir que al ser su comida francesa, es bastante exquisita.

Cada noche en el camarote nos presentan una especie de diario de a bordo donde podíamos ver lo que almorzaríamos y cenaríamoss al día siguiente. Si tenéis algún inconveniente con alguno de los alimentos solo tenéis que hacerselo saber al personal de recepción y ellos tomarán nota.

Normalmente el menú se compone de primer y segundo plato, unos quesos y postre y la bebida la podrás tomar de forma ilimitada.

Entre el desayuno, el almuerzo y la cena, el barco no dispone de ningún tentempie.

Para tener unos momentos de tranquilidad tomando alguna bebida y en una estancia mas reducida puedes elegir el bar que se encuentra en el otro extremo del barco con su terraza correspondiente del mismo modo que la que tienen en el salón bar. Está decorado con el mismo gusto y obtienes la misma atención y servicio.

Otro de los lugares que más me gustaron fue el Puente del Sol, la gran terraza con tumbonas en la cubierta superior. El suelo esta cubierto de césped artificial, supongo que para acompañar en tonalidad las vistas que desde allí puedes ver. La comodidad de las tumbonas son más que patentes, sobre todo cuando vas en primavera y los primeros rayos de sol calientan tu cara mientras disfrutas de los verdes parajes de Holanda. Uffff, me volvería sin pensar, lo repetiría sin cansarme.

 

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Por la mañana a primera hora realizan unos ejercicios de gimansia suave, muy a proposito para el pasaje que allí se encuentra, ya que la media de edad supera los 60 años, ¡¡¡¡¡¡y más….!!!!!!!

Otro complemento del barco y en su medida, es la pequeña tienda de regalos y souvenir que tienen.

Sobre las propinas tengo que decir que no están incluídas en el crucero, el último día dejan un sobre para que de forma libre dejes en él lo que veas conveniente según la atención y el servicio prestado y luego lo deposites en una urna que tienen en la recepción.

En cuanto a la indumentaria en el barco es casual durante el día y algo más arreglados durante la noche, ya que después se solíamos ir a tomar algo al bar escuchando música y charlando con los compañeros españoles sobre la excursión realizada en ese día. Claro está que la indumentaria de la noche de gala es elegante.

Aunque en este barco te proporcionan Wifi gratuito normalmente es muy lento y finalmente terminas cansado de intentar conectar para estar en contacto con tu familia o amigos, así que esperábamos a llegar a las escalas por si encontrábamos mejor wifi.

Mis impresiones finales sobre el Gerard Schmitter son que es un barco muy apropiado para la realización de escalas en zonas que otros barcos no pueden acceder. Dentro de lo que es un crucero fluvial, cumple todas las expectativas de servicio y calidad. Es un barco sencillo y acogedor, sin grandes pretensiones, pero cubriendo todas las necesidades.

Indudablemente esta forma de viajar y conocer rincones más inaccesibles, se me ha vuelto tan adictiva como la de cruzar los grandes mares…

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